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Investigación

Investigación en transición: cerrando brechas en I+D+i en América Latina

Edwin Garro Chavarría·
Investigación en transición: cerrando brechas en I+D+i en América Latina
Ilustración conceptual sobre investigación y desarrollo en América Latina

Cuando era estudiante de posgrado en Estados Unidos, allá por “hace mucho rato”, me llamaba la atención la marcada diferencia entre los investigadores latinos y sus colegas de otras culturas. El latino que llegaba a programas de investigación en universidades estadounidenses o europeas destacaba no solo por su capacidad técnica, sino por su habilidad para ampliar el alcance de sus problemas. Este fenómeno sigue siendo el mismo, los investigadores latinos gustan porque llegan a las mejores universidades como productos de filtros extremos (exámenes, entrevistas, atestados académicos, requisitos de todo tipo), o sea, solo los “mejores” salen, y además provenir de una cultura de escases los hace mucho más adaptables y flexibles.

Entonces ¿los países latinoamericanos son potencias mundiales de investigación? No. Esos latinos que logramos “estudiar afuera” con esa aura de “best of the best”, no somos para nada diferentes, y mucho menos superiores, a quienes se quedan y no tienen estas oportunidades. El entorno y la cultura es lo que nos detiene. El talento, el genio, la chispa están ahí, somos investigadores naturales. Una mentalidad de escases y mezquindad en nuestros gobiernos y nuestra cultura nos detiene. Escuché alguna vez en un país vecino, hundido en un problema de productividad y competitividad que le estaba quitando mercado, como alguien decía “¿por qué en Estados Unidos no están estudiando este problema?”. Antes de seguir, pongámosle números al asunto. Datos de la OCDE y el Banco Mundial ponen a la cabeza de la investigación mundial a los siguientes países:

Nuestros números (América Latina) están muy por debajo de esa lista:

Tenemos entre cinco y quince veces menos investigadores formales que los países líderes. En una parte del mundo donde podrían abundar los emprendedores, los investigadores corporativos y académicos, estamos perdiendo oportunidades en cada momento operando con una base estructural de científicos, intelectuales y emprendedores muy por debajo a las economías que dominan la innovación global.

Esto quiere decir que incluso si el talento individual latinoamericano es competitivo a nivel mundial, los sistemas locales (gobiernos, universidades, empresas, colegios técnicos) carecen de un propósito ambicioso, audaz y compartido que nos guíe desde la realidad y condiciones actuales, hasta un futuro más promisorio en el campo de la investigación.

¿Por qué somos como somos?

Tabla comparativa de cultura entre 5 países usando el modelo de 6 dimensiones de Hofstede
Tabla 1. Comparación de Cultura de 5 países utilizando el Modelo de 6 Dimensiones de Hofstede.

Geert Hofstede (1928 – 2020) fue un científico social de los Países Bajos, exempleado de IBM, y profesor emérito de Antropología Organizacional de la Universidad de Masstricht. Hofstede fue el pionero de la investigación cruzada entre países y organizaciones. Como empleado de IBM estudió más de 70 subsidiarias nacionales en todo el mundo. Ese fue el principio de su Modelo de 6 Dimensiones de Cultura de País. En esencia el modelo es un marco de ingeniería social para entender cómo la cultura de un país afecta los valores y el comportamiento de las personas que viven en él. No busca describir individuos sino el carácter colectivo de una nación.

Los países escogidos son Israel y Corea del Sur (los dos países que más investigan en el mundo), y Argentina y Honduras (el país latino que más investiga y uno de los que menos investiga). Veamos cómo las 6 dimensiones afectan a la investigación y el desarrollo.

NOTA: si quiere hacer sus propias comparaciones y entender el modelo puede hacerlo en este link: https://www.theculturefactor.com/country-comparison-tool

1. Distancia de poder – ¿se puede preguntar y estar en desacuerdo?

Israel con un 13 de 100 es un país que desafía la autoridad. Se le puede decir al jefe que está equivocado, se puede preguntar por qué algo es como es. El asistente de investigación puede detectar un error y decirlo sin miedo. En cambio, en el otro extremo Honduras con un 80 es una sociedad donde la razón la tiene siempre el que manda, la jerarquía impide la curiosidad. Argentina, el país que más investiga en América Latina, es neutro en este campo. Corea del Sur mantiene la tónica de los países asiáticos valor alto de Distancia de Poder, veamos si hay alguna otra razón que lo haga potencia de la investigación.

2. Individualismo - ¿ocupo a toda la familia y al barrio para poder funcionar?

Honduras es una sociedad colectivista con un individualismo muy bajo, la comunidad gana siempre, es una virtud importante y genuina. Por otro lado, Argentina, Israel y Corea del Sur muy similares, digamos levemente individualistas. No es por aquí donde vamos a encontrar las respuestas a la sed de crear.

3. Motivación al logro (competencia) – ¿hay que ganar a toda costa?

Ninguno de los países es altamente competitivo. No se observa una relación fuerte entre competencia y motivación a la investigación. Baja competencia puede facilitar la creación de clústeres de investigación como en Corea del Sur, mientras que alta competencia fomenta al genio solo con algo de loco al estilo de los Stephen Jobs o Larry Ellison. Tampoco la respuesta está aquí.

4. Evitación de la incertidumbre – ¿quién me dice qué sigue?

Parece que aquí si tenemos algo. Argentina, Israel y Corea del Sur se codean con la incertidumbre, les gusta la incertidumbre. Honduras, aunque neutra con un puntaje de 50, la evita. Para experimentar hay que tirarse al vacío y confiar. Honduras nos representa, la mayoría de los países latinos le tienen horror a la incertidumbre. Mejor que todo se quede como está.

5. Orientación a largo plazo – ¿cuánto tiempo estamos dispuestos a esperar?

En Corea del Sur les fascina el largo plazo, hay paciencia y visión de lo que se quiere lograr. Es común en los países asiáticos. Corea del Sur se planteó en los años 1960 pasar de una economía agraria a una potencia tecnológica, es un ejemplo de estoicismo estratégico.

6. Indulgencia – primero el resultado, luego los frutos.

Las dimensiones 5 y 6 son más recientes, y por lo tanto, todavía no hay datos en algunos países. Aquí tenemos suficiente con ver a una Argentina que perdona las faltas, que se da más chances (62) como casi todos los países de América Latina, y una Corea del Sur que no se perdona con un 29, que significa disciplina y trabajo duro, la terquedad de “castigarse” hasta alcanzar el resultado.

Después de pasar por las 6 dimensiones de Hoftstede, la conclusión es que la investigación y desarrollo se sienten mejor en culturas que favorecen la inversión futura y que cuestionan la autoridad, ambas características son difíciles de encontrar en la mayoría de nuestros países.

¿Entonces? ¿Qué hacemos?

Imagen alusiva al cierre de brechas de I+D+i en la región latinoamericana

La brecha en I+D+i en América Latina no es, en esencia, un problema de talento; es un problema sistémico. No estamos frente a una limitación genética ni intelectual, sino frente a una arquitectura cultural, institucional y estratégica que aún no ha decidido competir al más alto nivel.

La historia de países como Corea del Sur o Israel demuestra que la excelencia en investigación no surge por accidente, sino por decisión. Decisión de incomodarse con el corto plazo y de cuestionar la autoridad cuando limita el aprendizaje. Decisión de invertir hoy para resultados que tal vez solo se verán en la siguiente generación. Decisión, en fin, de construir sistemas donde investigar no sea un acto heroico individual, sino una capacidad colectiva normalizada.

América Latina no necesita “alcanzar” a los líderes; necesita redefinir su propia ambición. Pasar de exportar talento a darle las condiciones para que se quede en casa. De reaccionar a problemas, a anticiparlos con conocimiento propio.

El punto de inflexión no vendrá de un gran descubrimiento, sino de miles de decisiones pequeñas pero consistentes: en universidades que priorizan investigación relevante, en empresas que invierten más allá del retorno inmediato, en gobiernos que entienden que el futuro no se administra, se construye.

No nos falta talento.

Nos falta decisión.

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